RESEÑAS / REVIEWS
Francisco José Guardabassi
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Cita sugerida: Guardabassi, F. (2016). [Revisión del libro Pedagogías silvestres: los caminos de la formación por E. Antelo]. Archivos de Ciencias de la Educación, (10). Recuperado de http://www.archivosdeciencias.fahce.unlp.edu.ar/article/view/Archivose011
En el libro Pedagogías Silvestres: caminos de la formación, Estanislao Antelo nos presenta una vasta serie de entrevistas a profesores que desempeñan la docencia en asignaturas diversas, como la filosofía, la medicina, la danza, el canto o artes plásticas y que comparten la característica de no haber transitado por ninguna formación pedagógica específica y de sentirse orgullosos de sus trabajos. Ante ellos se despliegan una serie de indagaciones sobre su historia personal y formativa, que conducen a pensar los caminos de su formación y, más específicamente, cómo han llegado a ser lo que se son.
El recorrido que propone el autor nos acerca a experiencias de lo más diversas, aunque en general todas llegan a puertos comunes, cualidad que permite ensayar un recorrido conceptual sobre estas veintidós entrevistas. El primer elemento transversal, y sin dudas el más notorio de la obra, es la concepción que tienen sobre el fracaso. Éste es pensado desde una matriz desatendida por el discurso pedagógico y escolar de nuestro tiempo, dónde los profesores tienden a la negación o ausencia de éste en sus prácticas, o en todo caso, declaran no tener claro qué implica realmente. El segundo elemento refiere a la transmisión, donde convergen dos cuestiones: por un lado, la sospecha en torno a sus alcances y, por otro, el interrogante sobre el sentido y significado que asume para ellos. El tercer elemento se asocia con la clase y la evaluación, dónde no sólo emerge la imposibilidad de encumbrar un formato único sino que también se registra un cierto desplazamiento que se refleja en la ausencia del deseo de saber qué es lo que hacen sus alumnos con aquello que se les enseña. Por último, la referencia a grandes maestros, importantes en la medida que han habilitado caminos vitales y de compromiso con la enseñanza.
Por otro lado, y sin relegar los elementos centrales antes mencionados, resulta interesante observar el lugar que ocupa el autor dentro de la obra: el único momento donde Estanislao Antelo escribe es en el prólogo. Allí puntualiza algunos de los motivos que lo llevaron a producir estas entrevistas, haciendo mención a dos de los autores que le sirven de fundamento: Jaques Rancière y Richard Sennet, y que en este caso, le asisten en pensar a la educación desde un enfoque distinto, y que se visibiliza en los recorridos que les propone a sus entrevistados. En una actitud propia de Jacotot1i, Antelo ensaya un desplazamiento concreto de la figura de pedagogo de usanza nuestra, dejando hablar a los entrevistados de lo que saben y a los lectores sacar sus propias conclusiones.
¿A qué escuela primaria fuiste? ¿Y secundaria? ¿Tenés recuerdos de alguna maestra? ¿Y de los profesores del secundario? ¿Por qué te mandaron a esas escuelas? Con este tópico de preguntas el autor comienza el conjunto de las entrevistas, indagando en la biografía de los entrevistados, con el objetivo de escarbar las raíces de sus trayectorias de vida. En este sentido, no pasan desapercibidas las relaciones entre la actividad profesional del entrevistado y los referentes en el relato biográfico, como padres o docentes significativos, quienes en su infancia han sembrado las semillas que luego serán la inquietud por el arte como modo de vida. Uno de los entrevistados, Marcelo Zanelli, da un paso más en esta línea y afirma “a mí me gusta lo que hago, que no es muy diferente a lo que hicieron conmigo” (2015, p.275).
Es interesante poner de relieve, a su vez, cómo aparecen las figuras de los maestros influyentes. En este sentido, suelen aparecer dos tipos de figuras: algunos, como los padres, suelen ser mediadores de los elementos de interés, como los instrumentos musicales, o materiales de lectura en los hogares; otros, sin embargo, son grandes artesanos, en el sentido que Sennet utiliza el concepto:
“El artesano, ya sea músico, el ebanista o incluso el ejecutivo, cuando se lo aborda en el marco de un negocio se centra en hacer bien el trabajo, y eso proporciona respeto por sí mismo. Las relaciones interpersonales, los procesos sociales, la reciprocidad, no entran aquí en juego; el cantante no puede limitarse a decir a su compañero: “deseo darte apoyo”. Tiene que saber hacerlo” (Sennett, 2003, p.66).
Estos grandes maestros son recordados, en términos generales, no como grandes pedagogos, o enseñantes eficientes, sino como aquellos que logran despertar curiosidad o pasión por lo que hacen. Estos maestros no se han limitado a decirles a sus alumnos “deseo darte apoyo”, sino que por medio del saber hacer, han abierto posibilidades.
Como se mencionó en un principio, uno de los elementos estructurantes del texto es la noción de fracaso que ponen en juego los entrevistados a la hora de llevar adelante sus tareas docentes. Es conveniente, previamente, mostrar cómo es que estos docentes llevan a cabo sus tareas. Para ello usaré una serie de frases que resultan ilustradoras de esta idea: “Para mí, una clase es un hecho milagroso”, “me sale una cosa de contagiar fervores”, “la palabra clase no nos sirve más”, “yo creo que es importante haber tenido una experiencia sobre lo que uno enseña”, “proponer una mirada personal sobre el mundo” y “nunca le des de comer a alguien algo que vos no vayas a comer”. Quisiera brevemente retomar esta última frase, puesto que hace eco en otra obra del autor (Antelo, 2014), que engloba la multiplicidad de propuestas de clase que proponen los entrevistados:
“El aprendizaje es del orden del sabor, del sabor del encuentro. […] de ahí que los estudiantes digan que tal materia les gustan, o que tales profesores son unos “amargos” o “intragables” [...] ahora que todo el mundo se jacta de que “no hay recetas”, mi propuesta es elaborarlas. No se puede enseñar sin recetas [...] Otra cosa bien distinta es el efecto de esas recetas, que nos está vedado anticipar. [...] propongo abandonar todo ese arte de la motivación, todo ese afán de interesar. Nuestro oficio consiste en hacerlas más sabrosas, combinar ingredientes y poner el saber y el sabor a disposición. Estará en ellos, después, en un tiempo que no nos pertenece, operar con lo saboreado y apaciguar indigestiones”. (Antelo, 2014 p. 48- 49)
En esta cita se encuentra el meollo de la configuración de las clases de los entrevistados, esto es, que no quieran corroborar lo que sus alumnos hacen con lo enseñado, que no quieran ningún copyright de la cosa enseñada. Es desde aquí que podemos entender cómo es que el fracaso es pensado en la órbita de sus actividades. Casi todos los entrevistados coinciden que, en sus clases, es imposible fracasar, el fracaso en todo caso sería abandonar la tarea de aprendizaje. Aquí vale la pena hacer una salvedad: ninguno de estos docentes trabaja en el Sistema Educativo obligatorio. Esto claramente tiene un impacto en las experiencias docentes puesto que, en el formato de talleres por ejemplo, no es necesario dar cuenta de resultados en tiempos determinados de antemano. Entonces, si el éxito de estos docentes tiene algo que ver con esta cuestión, cabe preguntarnos si la idea del fracaso es, en sí misma, una idea propiamente escolar y no pedagógica, es decir, propia del sistema educativo formal y no un elemento inherente que se articula a la teoría de la educación. Es interesante ver como pareciera perfilarse la idea que Ranciére (2003) tiene del maestro ignorante, es decir, ignorante de las desigualdades, de los talentos, de las diferencias.
Para culminar las entrevistas, el autor presenta a los entrevistados las siguientes preguntas ¿Si el ministro de educación te diese la llave de todas las escuelas y todo el financiamiento que quieras, qué harías vos con tu área de conocimiento? Esta es una pregunta que funciona como un verdadero parteaguas entre los docentes entrevistados. Por un lado, están aquellos que decididamente tienen un plan didáctico en sus cabezas, tienen ciertas certezas de dónde están los puntos flacos de sus disciplinas en los colegios. Por otro lado, algunos se pronuncian de manera menos decidida, teniendo como hilo conductor la necesidad de juntar gente, de generar redes de capacitación, y de diagnosticar. Vuelve a aparecer aquí la noción de artesanía que antes analizamos, además de ver en los espacios escolares los límites propios de la disciplina escolar: el disciplinamiento de los cuerpos, la separación entre materias, entre otras.
Sin dudas, la aparición de esta obra cae en un contexto político en el cual se están discutiendo nuevamente cuestiones educativas que parecían haberse saldado. La meritocracia se vuelve a erguir en el horizonte de discusiones, como así también el valor mismo de las universidades que se corren de la lógica de mercado. En este sentido, es urgente volver a repensar las categorías con las que pensamos a los sujetos de la educación, así como al fracaso mismo, y también repensar las lógicas de la formación de nuestros docentes. Este libro, como muchas de la obras del autor, es una piedra en el zapato de la normalidad educativa que, sin embargo, puede resultar valiosa para seguir pensándonos dentro de las instituciones, porque dentro de la afirmación “cualquiera puede enseñar” palpita la pregunta fundamental sobre cuál es el sentido que debemos construir alrededor de la formación docente y la educación en general.
1i Pedagogo francés, nacido en 1770, creador del “método Jacotot”, cuya experiencia es retomada por Ranciére en “El maestro ignorante”.
Antelo, E. (2014) “Padres nuestros que están en las escuelas y otros ensayos” (1a ed.) Rosario: Homo Sapiens.
Rancière, J. (1987) “El maestro ignorante: cinco lecciones sobre la emancipación intelectual” (1a ed) Barcelona: Laertes.
Sennett, R. (2003) “El respeto: sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad” (1er. ed.) Barcelona: Anagrama.
Recibido: 15 de junio de 2016
Aceptado: 21 de septiembre de 2016
Publicado: 18 de noviembre de 2016
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